jueves, 30 de enero de 2014

El abandono del rey




Existe una tradición intima, privada, entre mi padre y yo. No sé muy bien cómo fue que se fundó, tampoco sé en qué momento comencé a creer en ella pero creo. Un día mi viejo me enseñó a jugar ajedrez mientras recitaba incontables anécdotas de antiguos reyes del pasado. Me explicó ampliamente la importancia de premeditar. Fundamentalmente me habló del protagonismo de la reina. Dijo que para el ajedrecista; regalar una ficha de su tablero era comparable con el futbolista que regala sus guayos. Regalar un peón, entonces, representa sacrificio, regalar un alfil representa perspectiva, regalar un caballo representa astucia… pero regalar a la reina es entregarse por completo.

“La vida es como un juego de ajedrez” decía mi padre. ¿Qué pensará cuando le cuente que regalé nuestro tablero, el mismo con el que me enseñó a jugar? Le diré que la vida también nos juega malas pasadas, y que nunca aprendí a premeditar. Seguro que él me dirá que hay que ser muy tonto para perder hasta el tablero, yo le diré que tiene razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario