Recibe de
ofrenda este rosario de lágrimas congeladas
y estas pocas cartas que he escrito a tu llegada.
Recibe también
mi corazón roto,
los días en
que no llamaste
y que te
esperé con el teléfono sobre la almohada.
Recibe también
mis horas de sueño extraviadas,
mis
maratones hacia tu casa,
mis peleas
con los molinos
y los martinez.
Mis baños
acalorados
y mis
serenatas espontáneas
pero devuélveme
un poco de tus sonrisas
para
esconderlas bajo la cama.
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