jueves, 29 de enero de 2015

PERDIDAS


Así, la niña del mar muy quietecita, muy calmada. Dibujó con el dedo gordo del pie un mapa del tesoro en el que figuraba, escondido, un manojo de conchas, vieiras y caparazones. 

En su estomago, la mar consiguió retratarle un oleaje oceánico. Uno que no conocía la agitación ni la marea, era siempre tibio, siempre sereno. En el fondo, la pequeña Clara sabía que algún día la habrían de encontrar, es lo que decía el abuelo que debe hacerse cuando uno se pierde. Esa fue la razón por la cual Clarita no se alarmó, nunca gritó, nunca pidió ayuda. Continuó tranquila y pausada; dedicándose exclusivamente a cartografiar el pequeño territorio que había conquistado y que nunca más abandonaría.

miércoles, 14 de enero de 2015

MONO-NEURONAL


Ella era bastante básica. Pasaba el tiempo ufanadose del tipo que se había obsesionado con ella, un escritor de poca monta que no había conseguido olvidarla. Ella lo sabía, porque él hacía publicaciones a diario en donde le declaraba su amor y su odio. Tres o cuatro años habían pasado desde que dejaron de verse. Para ella era mucho, para él muy poco. Lo cierto es que en la cabeza de aquella mono neuronal lo que parecía la obsesión hacia un "ser supremo"  no era nada más que un odio encarnizado.