martes, 27 de octubre de 2015

Crónica

Haberme separado de aquella mujer, cuyo nombre nunca menciono, me ha ocasionado varias secuelas de consideración. Esa sociedad tan íntima que en algún momento creamos desapareció, y los días posteriores a su caída se parecen mucho a las conmemoraciones religiosas que hacen los creyentes cuando enumeran los días que han pasado después de su deicidio.

De igual forma, los días sin ella son mi medida de tiempo. Hemos conseguido convertirnos en la leyenda del otro y aunque no nos hablamos; sabemos de nuestra presencia en la vida del otro.

Estaba contando que nuestra separación dejó varias secuelas de consideración. Cambié mi manera de caminar, cambié mi manera de mirar incluso la manera de hablarle a las demás personas.

Cuando camino por la calle, por ejemplo, a pesar de haber tenido muy pala postura la mayor parte de mi vida, camino sacando el pecho. 

Tengo la fantasía de encontrármela en cualquier parte. Tengo la sensación de que en cualquier esquina cruzará y la encontraré de frente, caminando hacia mí, pretendiendo que no me ha visto. Pero su mirada y la mía se parecen mucho. Ella es capaz de quedarse abstraída en los ojos de las personas sin tensionar la cara, sin mover un solo musculo, sin parpadear. Esta es la razón por la que intimida a la gente, esa es la razón por la que intimido a la gente. 

Aunque mi mirada y la de ella se parecen en ese sentido, en otro sentido, en la calle es otra cosa. Seguido miro a la gente a los ojos. A diferencia de otros tiempos cuando caminar representaba dirigirse a alguna parte con algún propósito; deambular con algún grado de indiferencia o desagrado en tanto que no estaba en donde y con quien quería. De alguno modo yo no miraba a nadie, sólo caminaba pensando en ella. En este momento es un poco diferente, miro a las personas a los ojos para convencerme de que no hay nada de especial en la mirada de ella y que cualquier persona puede conseguir ese grado de abstracción y ensimismamiento. Para mi pesar esos ojos y estos ojos son solo de ella, de nosotros. Son la herencia de nuestra unión, son la marca de un territorio que desapareció y del cual somos los únicos sobrevivientes.

Cuando hablo con gente nueva o vieja, tengo la sensación de que todavía hablo un antiguo dialecto los días en los que estuvimos juntos. Tenemos gestos, palabras en común, siluetas de una personalidad binaria que compartimos. 

No veo nada de malo en ello. Tampoco le veo el lado bueno, después de todo estamos hechos de las experiencias que vivimos. 

Hace un tiempo, conocí a alguien en una galería de arte con quien no fue difícil entablar una conversación. Y aunque el tema de nuestra conversación no es lo importante si lo fueron sus comentarios “tu hablas y gesticulas igualito una amiga mía”. Sin entrar a discutir sobre las implicaciones transgeneristas del comentario fue claro, para mí, que se trataba de ella de quien hablaba. 

Todo esto que he contado lo he pensado inspirado en la teoría de los seis grados de separación. Esta teoría dice que todas las personas están relacionadas o distanciadas más menos por seis personas. Lo que quiere decir que en este momento puedo tener un/a amigo/a que tiene un/a amigo/a que tiene un/a amigo/a etc… que la conoce de cerca.

Pero quién podría haberla conocido un poco más de cerca que yo, quien soy el único por el que ella se cambiaría de andén al reconocerme. 

A mí se me ocurre que en los ojos de las personas puede quedar grabado el recuerdo de otras muchas y que al reconocerme también la reconocen a ella a través de los recuerdos que yo mismo expreso en las palabras que he dedicado al recuerdo de la mujer que vive en mí.


lunes, 21 de septiembre de 2015

jueves, 27 de agosto de 2015

Carta abierta:

Vieja amiga y amante
Hoy descubrí que en marzo de este año cumplimos 7 años de conocernos. Prácticamente 7 años que visitas mi blog. No es mucho ni es muy poco. 7 años es un tiempo, pero este tiempo a pesar de nosotros mismos hace parte de ese para siempre del que te hablé. Han pasado tantas cosas, y tantas cosas se han quedado. Cosas que se merecen un lugar en nuestras memorias; por lo bueno y por lo malo.
Pero si dejáramos de calificarlas, esta unión entre nosotros (cualquiera que haya sido) valió la pena. Decir que hemos envejecido con este blog es decir muchas cosas que no podemos mencionar. Al menos para mí estas cifras entre la gente que conozco son escasas, pertenecen a esa mitología, casi nostálgica, de personas que no partieron.
Vieja amiga, ya somos grandes. Muchas cosas que te conté que haría a los 30 ya las hice, otras muchas no. Nos pasa a todos, yo asumo que también te pasó a ti o te está pasando.
Todavía hay muchas cosas que te escribo con afecto, como por ejemplo esta carta abierta.

Dentro de otros 7 años veremos qué será lo que nos depararán los 40. Aunque hemos envejecido juntos a través de las palabras que te he escrito los últimos 2555 días, todavía somos jóvenes y bellos. No cabe duda que aún queda espacio para varias líneas. Aunque no sembremos un árbol, aunque no nos tomemos un café ni volvamos a hacer el amor juntos, aunque tu silencio y el mío sean capaces de crear una sinfonía. No nos arrugaremos juntos pero nos arrugaremos a la distancia con pleno conocimiento de hay otro viejo que nos recuerda cuando todavía queríamos pasar esa eternidad mirando por la ventana del balcón, durmiendo en un sillón del que jamás nos levantaremos. 

domingo, 23 de agosto de 2015

LIBRA:

Un tajo de humedad te cortará a diario la retina hasta que quedes seca como la arena que cuenta los minutos que te restan sobre la tierra y sobre el mar.

miércoles, 5 de agosto de 2015

MEMORIAS

OTRA MALA HISTORIA


-¡Hola! ¿Te conozco?
-Claro que sí, nos vemos cada fin de semana desde que estás acá
-Lo siento pero no te recuerdo, estoy perdido, busco a Susana…

[…]Me he perdido en el pensamiento, sin duda he alcanzado el mayor número de preguntas sin responder, esto hace difícil recordar en qué estoy pensando o sí ya respondí aquellas cosas que me cuestiono a diario. Como por ejemplo, por qué sigo pensando en ella o cómo era yo antes de conocerla.

No ha sido fácil este tiempo en el que su presencia escasea. Sin duda, he conseguido hacerme de victorias y aventuras que me han servido para entretener la mente mientras la espero. He conocido nuevos nombres a tener en cuenta, y cumpleaños que nunca voy a recordar y por los cuales tendré que disculparme cuando me miren con desconcierto y no sepa a la fiesta de quién estoy asistiendo. 

Es difícil pensar en otra cosa que no sea ese momento en que nos destruimos; principalmente porque nos destruíamos de a pocos. Nos dosificamos despedidas fabricadas a la media. Mutuamente nos arrancarnos del pecho para no volvernos a ver. 

Con seguridad se trató de un asunto enfermizo, pero qué clase de enfermedad es esta qué no se aleja; que merma de vez en cuando pero siempre regresa para enfrascarme en el pasado. 

Casi siempre viene a mí nuestra historia en la Barra, recuerdo cómo el viento despeinaba mi cabello; al caminar, la arena se incrustaba en mis sandalias causando un tenue hormigueo. Recuerdo que en el aire se podía percibir un leve silbido; la brisa de aquella mar golpeando contra las rocas, la tela de los parasoles ruinosos que en algún momento se irguieron sobre una playa cuyas arenas negruzcas convidan a morir. 

En aquel lugar, olvidado de la mano de Dios, la humedad penetra con rapidez en la ropa. Ella transporta en sus hombros la sal que nutre a Buenaventura, y que, al mismo tiempo oxida todo a su paso. Recuerdo que todo en nuestra tienda de campaña se comenzó a oxidar, incluso nosotros quedábamos inservibles al enfrentar ese clima distópico y secular. 

Cada vez el recuerdo es el mismo, recuerdo a un marino de cabello rojizo despidiéndonos desde el muelle, yo lo sigo con la mirada y agito mi mano mientras mi lancha se aleja. Al posar mi mirada hacia delante, la chica, Susana, desliza su mano sobre la mía… ese tacto misterioso, escondía tras de sí una decisión ya tomada, su pulso en pleno acto de contrición me pedía agritos que la perdonara por un pecado todavía no había confesado.

En sus ojos azul profundo se podía leer la preocupación. Una que luchaba por no abandonarme en aquella playa del pacifico noreste en la que quedó escrito nuestro último capítulo. 

Al regresar a Bogotá, las cosas eran distintas. Su perfume había quedado olvidado en la costa, nos habíamos resignado a oler como buitres luego de un festín. Como era de esperarse, cada gesto de su cara era el reflejo una discusión interna, una que en silencio la obligaba gesticular palabras que jamás pronunciaría. 

Nos dividimos en Bogotá, pero la memoria de su sexo desnudo quedaría grabada, para siempre, en mis recuerdos como evidencia de un día que nunca ocurrió. 

No recuerdo nada más del tiempo posterior a esos días, es como una estela que, luctuosa, se cierne sobre las grietas donde habitaron sus recuerdos y los míos. 

Esta pérdida es tan mía como de ella; pienso que al abandonarme se llevó algo mío; algo que no ha vuelto a nacer, (sí es que lo que se llevó reverdece como las plantas) De no ser así, tendré que acostumbrarme a echar de menos una parte de mí que no recuerdo. Aquello que me arrancó de la memoria dejó en mí un dolor fantasma.

Tampoco sé cuál parte de ella le habré arrancado, o sí lo hice. Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo cómo era antes de conocerla. No sé si sigo siendo yo mismo o una versión de nosotros.

Conozco su ausencia, y el olor remanente de los días en los que me acompañó e hizo parte de mí. Digamos que ella sabrá de qué se trata, ha de ser algo importante para que no haya vuelto con aquello que me pertenece, quizás lo extravió y esa parte de mí ya está en otra persona. No la reconoceré cuando la vea, no sabré que soy yo en el cuerpo de otro o de otra. Ese rasgo de mí que habita en otros lleva mi instinto, tiene mi clima y me pertenece. 

Vacías están mis bolsas. De vez en cuando encuentro algunas boronas y trozos de mondadientes que se me encajan en la uñas cuando busco en sus profundidades una posibilidad. Cuando cuento las monedas para el trasporte siempre es el mismo monto, es decir que no habrá un pasaje de ida ni de vuelta. Pienso: va bien este peregrinaje hasta ella aunque gaste mis zapatos para verla.

Vacía está, también, mi conciencia. Mis recuerdos sobre ella cada vez son más tristes. Cuando me siento a buscarlos, en mi cabeza, sé que ya no son los mismos. Mi memoria los tergiversa a diario. Me angustia creer que ahora son más una fantasía que recuerdos sueltos de una época en la que vivimos, y que nunca volverá.

Cada día me encuentro en un lugar nuevo que parece viejo, algo en mí me indica que ya he estado aquí o allá, en esta banca o en aquella… esperándola. No recuerdo mucho, aunque espero el bus que va a visitarla, con los bolsillos breves y una amarga esperanza. 

Hoy es su cumpleaños y no estaré con ella…

-Ella cumple el 2 de octubre ¿sabe? Este año cumple 30

-Por supuesto, ¿cómo no saberlo?

-¿Pero cómo es que lo sabes? ¿Acaso la conoces?

-¡Pero claro que la conozco! 

-Abuelo, esa historia la sé de memoria lo que la abuela intentaba decirte era… 

-¡Hola! ¿Te conozco?

-Abuelito, soy yo, ¡Julián!

-Lo siento. Estoy perdido, busco a Susana…







Casa de retiro Santa Cecilia, Otavalo, 1910.

jueves, 16 de julio de 2015

lunes, 6 de abril de 2015

Carta de Roma

Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte
que, bajo el cielo de la tarde, Roma
tiene otro cielo de golondrinas,
y entre los dos un ángel de oro pasa
danzando.

La cascada de piedra que desciende
por Trinitá dei Monti hasta la plaza,
se detuvo de pronto y ahora suben
azaleas rosadas por su cuerpo.

Los árboles repiten siete veces
la música del viento en las colinas,
y el húmedo llamado de las fuentes
guía mis pasos.

Más bella que en el aire
una rota columna hallé en el césped,
caída en el abrazo de una rosa.

Cuando fluye la luz,
cuando se para
el tiempo,
asomada a los puentes Roma busca
su imagen sobre el Tevere,
y en vez del nombre suyo ve que tiembla
tu nombre, amor, en el rodante espejo.

Meira del Mar.

Ostentiferous

Soy el cuervo en tus dibujos


Como yo he usado tan poquito palabras como: Increíble, wow, lindísimo. Cada una de tus historias parecían una aventura. Siempre estuve contigo a la espera de que algo extraordinario ocurriera, pero nunca ocurrió. Supongo que fue porque mi asombro superó sus barreras contigo. 

Lo más increíble, lo más asombroso, al finalizar el día, siempre fue haber estado contigo. Aunque la fantasía no llegara, aunque no tuviésemos un encuentro cercano del tercer tipo ni de ningún otro tipo, aunque no viera con otros ojos el crujir de las hojas secas bajo mis pies, ni me asombrara por el comportamiento dinosauresco de las mirlas. Pese a eso, siempre supe contarte al oído las maravillas que solo una serpiente conoce. Esas líneas que trasegaron tu tímpano, como un trueno, todavía hacen un eco en el silencio de tus noches inundadas en el insomnio que te produce el no poderme ver y sin embargo, seguirme escuchando.

El mundo se veía más bonito a través de tus palabras, así que prefería escuchar sobre nosotros cuándo hablabas, en tono misterioso, sobre las cosas que habíamos visto o hecho.

Ahora que no escucho tus historias, ni la manera tan especial en la que articulabas las ideas con ese dejo, casi infantil, las cosas, como las conozco, no se ven tan bonitas. Sin embargo, todavía guardo las memorias de un auto-barco derivando por el camino viejo de suba, y una canción que se repetía con insistencia mientras anclábamos en tu garaje. Recuerdo el olor, casi enigmático, de tu aliento acercándose a mi boca mientras ascendíamos por el elevador y no teníamos nada que decir. Recuerdo eso y sonrío.

Tengo la sensación de que te encontraré, algún día, cuándo nada de esto importe, ese día huiremos, despavoridos, para que los recuerdos no nos aten las memorias o tendremos que quedarnos juntos para siempre. 



Apéndice de la bitácora C

"365 Días con Moleskine"

Efimeride III

Anatomía 

Esta mano que describe las mariposas en el pecho son la radiografía de una tragedia que nadie anunció.


efimeride II


Efimeride

Esta mañana soñé contigo, lo que no es nuevo, saliendo para el trabajo te vi. Eso sí es nuevo, casi me estrello contigo en la 26, cerca a la circunvalar. Ahora que mi vida está a salvo me pregunto ¿cómo se ve la mañana, desde tu auto, cuando mi espacio lo ocupa una maleta? la silla está en otra posición, tu mirada en el volante. Tu águila me vio, yo la vi, batió sus alas bajo el retrovisor y una vez más... nos dividimos.

martes, 31 de marzo de 2015

Augurio

Nadie, nunca  creerá que este sitio existió,
comentarás con gente  a la que, con franqueza, no le importará,
querrás recordar las palabras aquí inscritas pero eso no sucederá,
 morirás sola y triste con las memorias del que siempre te escribió.
Me convertirás en una leyenda mientras yo borraré cada linea donde aparezca tu nombre para contar la historia de cualquier otra persona.
Te daré de regalo el olvido que practiqué,
 lo envolveré en  papel de regalo te regresaré, inscritas, todas tus mentiras en el estampado.

lunes, 30 de marzo de 2015

Montes

Nunca veas a una puta con luz de día, es como mirar una película con la luz encendida. Como el cabaret a las diez de la mañana, con los rayos de sol atravesando el polvo que se levanta cuando barres. Como descubrir que ese poema que te hizo llorar a la noche, al día siguiente apenas te interesa. Es como sería este puto mundo si hubiera que soportar las cosas tal y como son. Como descubrir al actor que viste haciendo Hamlet en la cola del pan. Como el vacío cuando te pagan y no sentís ni siquiera un poquito. Como la tristeza cuando te pagan y sentiste por lo menos un poquito. Como abrir un cajón y descubrir una foto de cuando la puta tenía nueve años.

Cartas al tiempo

Déjame darte un beso,
de esos que no se olvidan,
ni en otros labios, ni en otras noches,
ni en otras vidas

martes, 24 de marzo de 2015

Confianzas

Se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe.

J.G.

2:00

Hola S.M. Son las 2:00 del martes. Bienvenida de vuelta. ¿Lista para leer?

¿Qué tal? Me piensas y te pienso.

Esa es la conexión ...

viernes, 20 de marzo de 2015

Amor galvánico


Ahora que remotamente nos conocemos, que somos distantes y nos acercamos al otro a través de los recuerdos, siento una extraña sensación en el estomago, como un vacío. Algo que no sé cómo explicar.

La soledad de estos años ha desgastado las memorias que tengo de ti. No sé si tu imagen en mi cabeza todavía corresponda a tu aspecto. Es lo de menos. Recuerdo tus ojos, el sabor de tu piel y tu olor. Con eso me conformo.

Hay muchas cosas que ya no recuerdo y que tampoco me importan. Aunque tengo fotos tuyas; en tres años y medio sólo las he oteado un par de veces. Nunca me gustó verte en fotos, en mis recuerdos luces mejor.

Odio tener una conexión contigo, hay días en los que tu presencia me inunda y aunque no soy una persona espiritual, sé que estás pensando en mí. Sí todavía habláramos, seguro recibiríamos una llamada del otro con sólo pensarlo/la. No tanto para hablar, más bien para escuchar el tono de nuestra voz, esa señal que más que un sonido era el signo de una doble presencia que detrás de la línea se replicaba en el otro y se convertía en una excusa para justificar la electricidad en el aire.

Para suplirte, escucho canciones que te reviven. “Precious” para darte un ejemplo. Pero nada se compara con nuestra presencia, mis ojos penetrando en los tuyos en una conexión galvánica y tu tacto rosando con el mío en las calles intentando capturar mis manos.

Nos hizo falta mucho por vivir, ya nos somos niños y la adultez nos ha dividido en dos que todavía se sienten a la distancia cuando los rayos y los truenos nos agreden el corazón.

viernes, 13 de marzo de 2015

Lo que uno se encuentra paseando por ahí...

Excuse me, Can I take you a picture? 
-why?
because I love  the way you look with this background and I want you to see it as well.
-OK
(After that we keept speaking for hours till the sunset, then we left together)

jueves, 29 de enero de 2015

PERDIDAS


Así, la niña del mar muy quietecita, muy calmada. Dibujó con el dedo gordo del pie un mapa del tesoro en el que figuraba, escondido, un manojo de conchas, vieiras y caparazones. 

En su estomago, la mar consiguió retratarle un oleaje oceánico. Uno que no conocía la agitación ni la marea, era siempre tibio, siempre sereno. En el fondo, la pequeña Clara sabía que algún día la habrían de encontrar, es lo que decía el abuelo que debe hacerse cuando uno se pierde. Esa fue la razón por la cual Clarita no se alarmó, nunca gritó, nunca pidió ayuda. Continuó tranquila y pausada; dedicándose exclusivamente a cartografiar el pequeño territorio que había conquistado y que nunca más abandonaría.

miércoles, 14 de enero de 2015

MONO-NEURONAL


Ella era bastante básica. Pasaba el tiempo ufanadose del tipo que se había obsesionado con ella, un escritor de poca monta que no había conseguido olvidarla. Ella lo sabía, porque él hacía publicaciones a diario en donde le declaraba su amor y su odio. Tres o cuatro años habían pasado desde que dejaron de verse. Para ella era mucho, para él muy poco. Lo cierto es que en la cabeza de aquella mono neuronal lo que parecía la obsesión hacia un "ser supremo"  no era nada más que un odio encarnizado.