lunes, 6 de abril de 2015

Ostentiferous

Soy el cuervo en tus dibujos


Como yo he usado tan poquito palabras como: Increíble, wow, lindísimo. Cada una de tus historias parecían una aventura. Siempre estuve contigo a la espera de que algo extraordinario ocurriera, pero nunca ocurrió. Supongo que fue porque mi asombro superó sus barreras contigo. 

Lo más increíble, lo más asombroso, al finalizar el día, siempre fue haber estado contigo. Aunque la fantasía no llegara, aunque no tuviésemos un encuentro cercano del tercer tipo ni de ningún otro tipo, aunque no viera con otros ojos el crujir de las hojas secas bajo mis pies, ni me asombrara por el comportamiento dinosauresco de las mirlas. Pese a eso, siempre supe contarte al oído las maravillas que solo una serpiente conoce. Esas líneas que trasegaron tu tímpano, como un trueno, todavía hacen un eco en el silencio de tus noches inundadas en el insomnio que te produce el no poderme ver y sin embargo, seguirme escuchando.

El mundo se veía más bonito a través de tus palabras, así que prefería escuchar sobre nosotros cuándo hablabas, en tono misterioso, sobre las cosas que habíamos visto o hecho.

Ahora que no escucho tus historias, ni la manera tan especial en la que articulabas las ideas con ese dejo, casi infantil, las cosas, como las conozco, no se ven tan bonitas. Sin embargo, todavía guardo las memorias de un auto-barco derivando por el camino viejo de suba, y una canción que se repetía con insistencia mientras anclábamos en tu garaje. Recuerdo el olor, casi enigmático, de tu aliento acercándose a mi boca mientras ascendíamos por el elevador y no teníamos nada que decir. Recuerdo eso y sonrío.

Tengo la sensación de que te encontraré, algún día, cuándo nada de esto importe, ese día huiremos, despavoridos, para que los recuerdos no nos aten las memorias o tendremos que quedarnos juntos para siempre. 



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