jueves, 27 de agosto de 2015

Carta abierta:

Vieja amiga y amante
Hoy descubrí que en marzo de este año cumplimos 7 años de conocernos. Prácticamente 7 años que visitas mi blog. No es mucho ni es muy poco. 7 años es un tiempo, pero este tiempo a pesar de nosotros mismos hace parte de ese para siempre del que te hablé. Han pasado tantas cosas, y tantas cosas se han quedado. Cosas que se merecen un lugar en nuestras memorias; por lo bueno y por lo malo.
Pero si dejáramos de calificarlas, esta unión entre nosotros (cualquiera que haya sido) valió la pena. Decir que hemos envejecido con este blog es decir muchas cosas que no podemos mencionar. Al menos para mí estas cifras entre la gente que conozco son escasas, pertenecen a esa mitología, casi nostálgica, de personas que no partieron.
Vieja amiga, ya somos grandes. Muchas cosas que te conté que haría a los 30 ya las hice, otras muchas no. Nos pasa a todos, yo asumo que también te pasó a ti o te está pasando.
Todavía hay muchas cosas que te escribo con afecto, como por ejemplo esta carta abierta.

Dentro de otros 7 años veremos qué será lo que nos depararán los 40. Aunque hemos envejecido juntos a través de las palabras que te he escrito los últimos 2555 días, todavía somos jóvenes y bellos. No cabe duda que aún queda espacio para varias líneas. Aunque no sembremos un árbol, aunque no nos tomemos un café ni volvamos a hacer el amor juntos, aunque tu silencio y el mío sean capaces de crear una sinfonía. No nos arrugaremos juntos pero nos arrugaremos a la distancia con pleno conocimiento de hay otro viejo que nos recuerda cuando todavía queríamos pasar esa eternidad mirando por la ventana del balcón, durmiendo en un sillón del que jamás nos levantaremos. 

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